Chile y China establecieron relaciones diplomáticas en 1970, siendo Chile el primer país sudamericano en reconocer oficialmente a la República Popular. A partir de esa base política, la relación evolucionó hacia un plano comercial más activo a finales de los años noventa, cuando Chile se convirtió en el primer país latinoamericano en apoyar el ingreso de China a la OMC (1999) y en reconocerla como economía de mercado (2004). Estos gestos allanaron el camino para negociaciones más profundas, generando un clima de confianza que desembocó en la firma del Tratado de Libre Comercio en 2005, el primero de China con un país de América Latina.
La asociación bilateral no se limitó a la apertura de bienes, sino que se expandió hacia acuerdos suplementarios en servicios e inversiones durante la década siguiente, acompañados de un incremento exponencial del comercio bilateral y de nuevos espacios de cooperación. Esta fase de profundización culminó en 2016, cuando ambos países elevaron su vínculo a una Asociación Estratégica Integral, lo que consolidó la voluntad política de fortalecer no solo la relación comercial, sino también la cooperación institucional y técnica en múltiples ámbitos.
En los últimos años, la modernización del TLC ha incorporado disciplinas propias del comercio del siglo XXI, como el comercio electrónico, la facilitación aduanera, la competencia y la sostenibilidad ambiental. A ello se suma la adhesión de Chile a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que abre nuevas oportunidades en materia de conectividad e infraestructura.


